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  • El diario de Gaia

¿Por qué Alexander Fleming cambió tu vida?

Cuando Alexander Fleming fue llamado a filas en la Primera Guerra Mundial nadie podría prever cómo este joven soldado escocés, hijo de un granjero, cambiaría la historia de la medicina y de la humanidad entera para siempre.


En el frente, el joven Fleming prestó sus servicios como médico militar, y se alarmó ante el hecho de que tantos y tantos soldados muriesen a consecuencia de las infecciones de las heridas sufridas en combate. De hecho, casi morían más soldados por estas infecciones que los que habían muerto en el campo de batalla. Dispuesto a cambiar su fatídico destino, Fleming se especializó en microbiología al finalizar la guerra, investigando distintos medicamentos con los que combatir y, si era posible, prevenir las infecciones que habían causado la muerte de tantos soldados.

Alexander Fleming observa un cultivo en una placa de Petri
Alexander Fleming observa un cultivo en una placa de Petri

Lo más sorprendente y bello de esta historia es que el descubrimiento de la penicilina fue más bien fruto del azar y no tanto de una investigación metódica, pues cuenta la historia que Fleming se encontró con un cultivo de bacterias “contaminado” por un hongo al volver de sus vacaciones. No obstante, y gracias a su incesante trabajo buscando tales medicamentos, Fleming supo entrever lo milagroso de su descubrimiento: ¡ese hongo había aniquilado todas las bacterias a su alrededor!

El poder bactericida del hongo Penicillium chrysogenum es tal que evita el crecimiento de bacterias en la placa de Petri gracias a la producción de Penicilina G
El poder bactericida del hongo Penicillium chrysogenum es tal que evita el crecimiento de bacterias en la placa de Petri gracias a la producción de Penicilina G

Pero ¿por qué el descubrimiento de la penicilina fue tan importante?

Imaginemos por un momento qué habría sucedido si Fleming no hubiese entendido la importancia de lo que la casualidad había puesto en su camino aquel 15 de septiembre de 1928. Por aquel entonces, ninguna otra persona a parte de él parecía estar interesado en la penicilina. A fin de cuentas, ¡ni siquiera el propio Fleming estaba buscándola al no haber considerado los hongos como potenciales agentes bactericidas naturales! Así pues, parece razonable suponer que la penicilina no se habría descubierto de no haber sido por él, o que al menos habríamos tardado muchísimos años más en hacerlo.


Howard Florey tampoco habría podido leer el artículo de Fleming que tanto le llamó la atención, ni habría convocado en Oxford a los mejores microbiólogos del país, entre ellos a Enrst Chain y Norman Hatley, para intentar desarrollar un método que les permitiese purificar y aislar la penicilina en 1939.


Investigadores como Selman Waksman habrían continuado con su línea de trabajo original sobre los mecanismos de resistencia de algunas bacterias patógenas en suelos en lugar de dedicarse a la búsqueda de antibióticos alternativos a la penicilina como la estreptomicina en 1944. Un descubrimiento que se tornó casi tan crucial como el de Fleming pues por primera vez en más de ¡¡2400 años!! teníamos un método eficaz para enfrentarnos a uno de nuestros mayores enemigos: la tuberculosis.


Tampoco se habrían podido salvar miles de vidas de soldados durante la Segunda Guerra Mundial o las guerras sucesivas, de modo que hubiesen corrido la misma suerte que los soldados que, al igual que los que había tratado el joven Fleming, habrían muerto a consecuencia de las infecciones de las heridas sufridas en combate…


Y ahora…

Pero es que incluso hoy, en el 2021, nuestro conocimiento de antibióticos sería seguramente muy limitado si no hubiese sido por el descubrimiento de la penicilina. Sin nadie que se interesase en la búsqueda de derivados de la penicilina no tendríamos acceso a varios de los antibióticos de amplio espectro comúnmente empleados hoy en día como la amoxicilina o la ampicilina… Sí, ¡esos a los que recurrimos en primer lugar cada vez que sufrimos de una infección! Ni tendríamos antibióticos más potentes como la oxacilina o la meticilina que nos permitiesen tratar infecciones causadas por superbacterias como Staphylococcus aureus. Seguiríamos, a fin de cuentas, limitándonos a la capacidad de nuestro sistema inmune de protegernos de los patógenos y mantenernos sanos, con todas las limitaciones que ello conlleva en el momento que contrajésemos cualquier infección, por simple que ésta fuera…


Y es que hace 93 años la casualidad y la mente brillante de Alexander Fleming cambiaron la vida de todos nosotros para siempre, brindándonos la mejor herramienta para tratar casi cualquier tipo de infección. El descubrimiento de la penicilina ese 15 de septiembre de 1928 definitivamente marcó un antes y un después en la historia de la medicina y la humanidad. ¡Ahora SÍ podríamos enfrentarnos a las enfermedades con la seguridad de salir victoriosos de muchas de ellas!

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